ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA BURBUJA INFORMATIVA…

Es crucial mantenerse informado para tomar la mejor decisión posible, la conducta más adecuada, o la medida más viable en relación a los desafíos del diario vivir.

La información es poder, y la gente informada tiene el privilegio de calibrar sus ideas, planes y actos según ese dato crucial, ese consejo sabio o ese protocolo estructurado validado por la universidad de Chinchulancha (o la Chile, Harvard, pongan cualquiera de su gusto).

En momentos tan rigurosos como éste, tener acceso a las mejores conductas y directrices para moverse por la vida ayudará a soportar mejor la tormenta mientras ésta pasa.

Aprovecho, antes de continuar, de recordarles que ya hice algo en esa dirección en mi columna anterior (“Salud Mental en tiempos de Cuarentena: una reflexión”) Si aún no la leyeron, háganlo ahora. Vayan, los espero.

Bien, como es de sumo interés tener acceso a la información correcta, debo comenzar recordándoles algo por lo menos trágico: No toda la información es útil, no toda está respaldada por los estudios necesarios y, como si no fuera suficiente, no toda la información, siendo útil, es aplicable para el contexto de todos.

Es de interés tener en cuenta esos principios para optimizar el rendimiento de los datos, consejos y protocolos que uno necesite consultar.

No existe el “recetario para solucionar la vida” ni el “manual para sobrevivir al COVID”. Lo siento, pero debemos ser realistas en cuánto a expectativas sobre lo que buscamos.

Pero no se asusten. Como dije en la columna anterior (en serio, vayan y léanla), mucho se puede hacer con las cosas que sí están bajo su control y que sí aparecen en fuentes de confianza.

Cuando uno busca datos de utilidad para sus problemas puntuales, suele partir buscando una fuente de fiar, porque suele querer la mejor solución para el desafío ante ellos (otros llegan y leen lo primero que pillen hablando a la pasada de lo que buscan; por favor, no los imiten, gracias).

De ese modo, elige un par de libros, algunas amistades fogueadas en el tema, alguna página de internet dedicada al tema, etc.

El hecho es que mientras hacen eso, eligen algunas fuentes de información y descartan otras.

Al final se quedan con una, dos, o las agarran todas y sacan un resumen para entenderlo mejor y, con lo leído, abordan el problema.

Y a veces, hasta lo resuelven.

Ahora, unos pocos más previsores se cuidan además de tener esas fuentes o amigos como referencia futura para volver a consultar, para resolver otras cosas parecidas, etc.

Suena trabajoso, ¿verdad? Pues les cuento que sus adoradas redes sociales hacen algo parecido por ustedes desde el momento en que se fabrican un perfil y lo echan a andar.

Recuerden: suelen preguntar nombre, edad, empleo, familiares, intereses (de todo ámbito preguntable sin sonrojar… creo), etc.

El punto de eso es que, de acuerdo a esos datos, sumando también sus futuras interacciones con el programa, el algoritmo que maneja a la red social de su elección va disimuladamente eligiendo temas, personas, grupos musicales, comentarios políticos, libros, películas, estudiosos, etc.

¿Por qué? Porque busca proponerle temas, comidas y personas que se asemejen lo más posible a los intereses que usted inconscientemente pregona con cada like, corazón, redirección y comentario que va dejando a su paso por la gigantesca red.

En el fondo (creo yo, corríjame el que sepa más), busca darle una experiencia lo más satisfactoria posible para su persona aburrida y desesperada por saber, hablar o reírse más.

Por supuesto, como todo en la vida, hay un problema en ésta fórmula: en ese esfuerzo por ofrecerle lo que más le interesa, su querida red social omite otras cosas que también podrían interesarle o incluso –válgame- servirle para la vida.

Así surge el concepto de la Burbuja Informativa: al no permitirle seleccionar más activamente sus fuentes de información, le empieza a encerrar en una burbuja que amenaza incluso impedir que se entere de puntos de vista valiosos para comprehender mejor las cosas y, en el fondo, considerarse “realmente informado” sobre algún tema crucial.

El Instituto de la Comunicación y la Imagen de la U. de Chile habla someramente del tema en un video fácil de digerir (https://www.youtube.com/watch?v=7KpXKI6tiw0&feature=youtu.be Por favor, véanlo. Son sólo 1:12 min.), aprovechando de agregar una solución relativamente práctica y simple: consumir información de otras fuentes, ideologías y espectros políticos, para así discutir las cosas de forma más informada y democrática.

Pues bien, lamento ser la voz disonante en este tema, pero tengo muchos reparos con dicha solución.

Sucede que muchos de mis pacientes (que ya están muy agobiados por sus dolencias mentales), se quejan también por la gran cantidad y variedad de datos, noticias, reclamos, lamentos y otros bramidos que reciben desde la TV, el Facebook, Instagram, el diario, el portero de la esquina, etc.

Están librando una pelea feroz con sus propias mentes, vaivenes emocionales, pensamientos de ruina/muerte o hasta alucinaciones… ¿y más encima tienen que elegir qué oír y qué no? ¿No les parece excesivo encargarles tan cara tarea mientras luchan en paralelo por llegar vivos y cuerdos al día siguiente?  Es en éste contexto que siento que la solución propuesta por ellos les hace un flaco favor, ya que les exige hacer un trabajo que, estando mental y anímicamente a mucho menos de su 100%, se les hace pesada y arriesgan contaminarse con temas innecesarios o, peor aún, descompensarse más todavía de lo que ya están.

En mi práctica, le recomiendo encarecidamente a mis pacientes eludir la TV nacional.

En términos muy respetuosos, diré que está excesivamente enfocada en hablar sobre la contingencia nacional (COVID): hablar de enfermos, fallecidos, casos particularmente dramáticos por tal o cual razón, entrevistas adicionales a otra persona que la está pasando mal por contagio o cuarentena, etc.

A cambio de minimizar información realmente útil (reiterar las precauciones mínimas, llamar a guarecerse, salvoconductos, mascarillas, etc).

Al controlarlos, mis pacientes se lamentan porque dan muchas malas noticias en los canales nacionales.

Ante ese comentario, les pregunto si tienen cable y si lo tienen, les ordeno ver solamente el cable (canales de cocina, humor, cosas así).

A los que no lo tienen, les ordeno apagar la TV e informarse por diarios o las páginas de los diarios.

Siento que, en circunstancias de salud mental alicaída, importa mucho más resguardar su estabilidad mental que mantenerse informado de forma democrática. Discrepen, si lo desean (pero con respeto, ¿ok?).

Ahora, una vez que el paciente se estabilice mejor, será recomendable empezar paulatinamente a incorporar otras fuentes informativas para eludir la temida burbuja.

Cuidadosamente y en ánimo de marcha blanca, recomendarles consultar otras fuentes para ampliar sus horizontes, mantener la mente abierta y ser respetuosos de opiniones divergentes o confrontadas con las suyas.

Pero insisto, eso después de controlar satisfactoriamente el cuadro mental descompensado y tras constatar que no se agobiará con las cosas que empiece a ver.

Se necesita ver las cosas “con altura de miras” para decidir con mayor tino qué conviene retener y qué no, algo que evidentemente se dificultará si el paciente está en medio de una crisis ansiosa, manía, o con ideación suicida activa.

Aprovechando, estoy obligado a mencionar que, por las mismas razones, evite tener a las redes sociales como principal fuente de información o termómetro del estado de las cosas.

Si ya le están modificando las fuentes a sus espaldas, es probable que no se entere de todo.

Por lo menos, tenga a mano un diario, es todo lo que recomiendo hacer. Pero que no sea el LUN, por favor.

Ya para terminar, si bien es importante saber las cosas, no lo es el saberlo todo.

Es mejor enfocarse en lo esencial y de preferencia, en lo que le ayude a sobrellevar mejor los desafíos cotidianos.

El resto sólo lo distraerá o peor aún, lo hará angustiarse más.

DR. RODRIGO ABARCA SEPÚLVEDA

1 comentario en “ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA BURBUJA INFORMATIVA…”

  1. La mejor decisión que tomé fue dar de baja varias de mi redes sociales, y la verdad es que incluso ya ni recuerdo que me hacía tenerlas, me cuestiono si realmente las necesito, es probable que quizás mas adelante me quede con la menos tóxica, solo para poder conectar con los míos, nada de amarillismo ni noticias basadas en opiniones (lamentablemente todo ahora es opinable y que por la libertad de expresión, bastantes personas toman su opinión como una verdad absoluta)
    Cuando recién comenzó la pandemia, me sentía frustrada al leer la cantidad enorme de personas que inventaban medidas de protección, ignorando las básicas, y que por mucho que intentara educar la gente prefiere creerle al articulo viral que apareció en su timeline antes que seguir lo mas simple y lo más básico.
    Me gustan las conspiraciones, como método de entretenimiento, para cuestionarme e investigar solo por gusto, pero llegado un punto en que el bombardeo que mi cabeza recibía de las redes fue tan pesado que no pude seguir con ellas.
    En conclusión, considero que haber eliminado mis redes sociales le dio un respiro a cabeza, quitar un poquito de ansiedad ayuda a seguir adelante.

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